Campaña sin mentiras.

La nueva campaña de publicidad de Burger King es muy jodida, ataca la consciencia como un torpedo; un anuncio como un misil dirigido por un cirujano, anuncios que hubieran hecho a Bin Laden pedir una hamburguesa. Mandan a la mierda la teoría publicitaría del siglo XX, no hay estudio demográfico, es la misma campaña aquí y en Japón. No lo necesitan porque son anuncios muy específicos, no venden un producto, ni una marca ni una imagen. Lo que venden es una sensación, un recuerdo muy determinado y universal; venden el queso de las hamburguesas. El queso es el protagonista de anuncios con mucho zoom, imágenes muy cercanas de queso fundido. Travellings hechos con cámaras especiales que graban a cámara lenta el vapor del queso caliente, planos que parecen paisajes primigenios con masas de carne, pan y queso, un mar de dulce queso color mostaza. Imágenes muy explicitas de láminas de queso caliente, anuncios considerados cheese porn, pornografía gastronómica.
Carteles publicitarios que solo muestran el queso, carteles con cuadrados de color mostaza y ningún símbolo asociado.

Funcionan muy bien estos anuncios porque no intentan vender nada aparte del queso, cualquiera puede sentirse tentado por estas imágenes de queso. El éxito del anuncio es la falta de una imagen de marca, la no creación de un consumidor ideal. Burguer King no quiere cambiarte, Burguer King solo quiere que compres sus hamburguesas.
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