Conservación.

Una madre de familia muere, una mujer madura, de unos cuarenta años, una madre de familia normal, marido y dos hijos. Muere de una enfermedad, la atropelló una furgoneta sí, pero murió de una enfermedad. La furgoneta la atropelló en el pasado, hace años; no tiene ninguna relación con la enfermedad (peste negra por ejemplo) pero es un hito biográfico; en el velatorio su familia comenta lo de aquella vez que la atropelló una furgoneta, no comentan lo de la peste. 

Como la familia es muy pobre no tienen dinero para el entierro. No tienen dinero suficiente para comprar un ataúd de madera así que compran un montón de huevos y pan rallado. La visten con su mejor vestido, la empapan bien de huevo batido y la rebozan con pan rallado de los pies a la cabeza. Luego la echan a freír en una de esas paelleras de las fiestas de los pueblos, una sartén de más de dos metros que han instalado en el cementerio. Cuando ya está bien frita, crujiente y doradita, la meten en un nicho y cierran.

Un empanado bien hecho puede ser tan digno como un ataúd, es posible moldear formas y hacer una buena cobertura para un cadáver. Líneas rectas, aristas, ángulos rectos; una cobertura hermética como un palito de pescado tamaño humano. 

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