Pizza en barra.

pizzaenbarra1Pizza embutido, pizza contenida en un largo rollo para que puedas cortar rodajas cómodamente. pizzabarra2Más pizza en barra, ahora cortada desde los dos extremos, algo mucho más avanzado técnicamente pero también frívolo e innecesario. Al fin y al cabo ya tenías tu pizza en rodajas, no era necesario el alarde técnico de hacer que haya pizza en ambas direcciones.

pizzabarra3Joder, dos pizzas diferentes en una sola barra; un avance técnico aún mayor y esta vez digno de ser aplaudido.

Miradas

Retratos de animales, retratos íntimos, realistas. Primeros planos de perros, fotografía de estudio que busca explotar al máximo la cara del animal. Animales modelo, animales que saben exhibir su cuerpo a los ojos de un fotógrafo (de un fotógrafo humano).2014-02-15 18.36.35

Anunciar así piensos para mascotas, tener como imagen de marca un primer plano de la cara de un perro. Creer que un amante de los perros va a comprar tu producto seducido por la mirada de un perro; como si la cara de un perro desconocido tuviese algún valor. Intentar aplicar las leyes del marketing en mercados tan periféricos como el de la comida para animales domésticos.
Usar trucos de Steve Jobs para vender un producto con textura de vómito.

2014-02-15 18.39.17Hacerlo mal además, utilizar retratos en los que se ve claramente que el animal es bizco y rezar para que el comprador no lo relacione con tu producto.

Comer fuera.

Órdenes mal en el restaurante, parejas muy bien vestidas que piden como entrante un cubo extra grande de palomitas preguntando cómo es de grande el cubo. Que exigen al camarero que explique con gestos cómo es de grande el cubo porque no quieren que les estafe.

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Parece que el imbécil es el camarero.

Que de hecho sea posible realizar esa orden, que realmente tengan una máquina de palomitas y cubos de plastiquete para servirlas. Mucha sangre fría por parte del camarero para mantener la dignidad del negocio mientras les lleva las palomitas en un cubo encima de una bandeja. Que no pidan nada más pero dejen buena propina.

Órdenes peor que mal, un hombre que lleva a su familia a un buen restaurante el día de su cumpleaños y su primogénito pida un mini de ron con cola para beber. Que además le de igual el ron, que pida ron Cacique o Negrita y se enfade con el camarero por no tener vasos de plástico.

Joder, que el niño meta los dedos en el mini para sacar los hielos y luego los tire al suelo del restaurante y todo esto con el beneplácito del padre.

Primeros auxilios.

Emergencia en la cocina de un restaurante de comida rápida, el cocinero estaba pensando en sus cosas y se ha hecho un corte feo en la mano. Qué digo un corte feo, joder, se ha rebanado todos los putos dedos. Está chorreando sangre por cuatro pequeños muñones que no por ser pequeños sale menos sangre.

– ¿Hay algún médico en el sala?

Lo dice así, sin exclamaciones ni nada como si no se estuviera desangrando por momentos pero aún así aparece un doctor y se mete en la cocina a salvarle la vida lo más rápido posible.
El problema es que el médico no lleva nada en los bolsillos de la bata, por no llevar no lleva ni estetoscopio; de hecho ni siquiera parece un médico, podría ser un profesor de primaria, un oftalmólogo o un tío cualquiera con gafas y bata. Un médico no vale nada sin su arsenal de pinzas, gasas y agujas. No puede hacer nada solo con lo que tiene en el cerebro, no puede hacer operaciones mentalmente.

Afortunadamente en la facultad de medicina tienen una asignatura de improvisación así que nada más entrar en la cocina sabe lo que tiene que hacer.

cocina2Joder, que le cauterice la herida con una hamburguesa, con una hamburguesa que coge de un plato; no una hamburguesa caliente que coge de la parrilla.
No no, la coge lista para servir, con lechuga, tomate, queso y bacon y la frota contra la herida usando unas pinzas.

Que funcione, que la propia toxicidad de la comida cauterice químicamente la herida.

Bioman.

Un restaurante biológico en el que aprovechan la naturaleza al máximo, hasta extremos que nadie había llegado antes. Gente con otra visión, auténticos emprendedores, pioneros con una visión avanzada más rompedores que Messi.

Han críado unas ostras gigantes que crecen con la forma que ellos quieren, así hacen los vasos y los platos; parecen platos normales pero te sientes especial al usarlos porque sabes que antes eran parte de un ser vivo. Luego no los tiran eh, los luego lavan en pilas de agua hirviendo en las que ponen ratones patagónicos y unos microbios que sacaron del cráter de un volcán.

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Un akodon ocupando su lugar en el mundo.

Son akodones, unos unos roedores muy inteligentes e higiénicos cuya pelaje es muy espeso y resistente y repele por completo el agua de tal forma que nunca llegan a quemarse porque están en una burbuja de aire. Nadan muy bien y se frotan con los platos sucios para quitar los restos de comida

Cuando los akodones se hacen viejos los utilizan para hacer tapas para la barra. Los empanan y les ponen un palito o los guisan con un poco de lauerel.
Son una tapa muy fina, hay gente que viene al bar solo por ella, sirven cientos de bandejas de raciones de akodones. Es una carne muy tierna, con muy poca grasa y además ha cogido sabor de toda la mugre que ha limpiado el ratoncillo.

Comida caliente.

Un plátano granada, un arma jocosa para las guerras. Para darle un poco de humor al tema de matarnos entre nosotros. No, una propuesta de arma seria para cuando entremos en guerra con los monos. platano No joder, un plátano granada no; un plátano relleno de dinamita. Un desayuno raro de Louissiana, una receta tradicional que exige el uso de explosivos peligrosos. Una variación local de una antigua receta de plátano a la plancha, pero usando dinamita para hacer el plátano.tomate y queso

Tomate detonado con dinamita con un poco de queso cerca. Usar una explosión para mezclar ingredientes en forma de metralla, una forma rápida de hacer pizzas. Comida rápida y ruidosa a partes iguales.

pera2Ponerle dinamita a una pera. Una receta muy pobre en concepto, una comida muy poco preparada y probablemente poco sabrosa. Recetas de rednecks americanos, paletos del sur que quieren compaginar una dieta sana y rica en fruta con destrucción y olor a pólvora. Paletos vegetarianos.

La cata.

Cuando el papa fue a Brasil este verano comió un montón de tarta. No quiero decir que el papa tenga una obsesión rara con comer tarta, no es un obseso devorador de tarta, no tiene manchas de tarta en su camisón papal, no la come antes de dormir y antes de salir de la cama por las mañanas; no es un gourmet ni aprovecha sus viajes por el mundo para probar tartas de todo el globo. En realidad ni siquiera le gusta la tarta, no le gusta lo dulce; lo considera contrario a los principios del cristianismo. Si fuera por él se alimentaría exclusivamente de hojas de palma y vino barato, como cabeza visible de la religión católica lo suyo sería alimentarse solo de cosas cristianas.

Pero a veces por motivos protocolarios tiene que comer tarta, comer tarta en público además. En Brasil como en todas partes cada vez que el papa comía con algún dignatario acababa habiendo una tarta involucrada, tartas de banquete además; tartas que son servidas como colofón a la comida, tartas canto de cisne en las que los anfitriones ponen toda su ilusión. Si sois seguidores del papa seguro que habréis visto ese espectáculo; los portadores de tarta, la bandeja de plata y la banda de música que toca la canción de la tarta para el papa. Tartas para las que se ha compuesto música de acompañamiento, música tocada en directo por las mejores orquestas del país.

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Gran expectación. Vidas en juego.

A quien no habéis visto es al catador del papa, ese no sale ante las cámaras aunque su trabajo sea el más importante. No, él actúa detrás de la cortina, su trabajo acaba justo antes de que empiecen a sonar las trompetas.

Los días que el papa se ve obligado a comer tarta son los más tensos para el catador del papa. El resto del año es pura rutina catando los humildes purés que traen de las cocinas del vaticano, comidas muy planas hechas por mujeres muy devotas y honradas a las que la idea de atentar contra la vida del sumo pontífice ni se les pasa por la cabeza. Mujeres italianas con pañuelos en la cabeza que agradecen a Dios la oportunidad de servir al papa en cada vuelta de cucharón.
Pero los días de tarta no, esos días son pura tensión esperando a que le traigan la tarta, una tarta que podría ser la última. Siempre son tartas lujosas, colosos de repostería con varios pisos y muchísimas capas de ingredientes desconocidos y potencialmente letales. Tartas muy de filigranas, con pequeñas perlas de nata, mosaicos de frutos secos, con versículos de la biblia escritos en chocolate con un trazo finísimo. Joyas culinarias en las que da reparo clavar el cuchillo, especialmente si el primer pedazo va a ir a parar al plato de un humilde catador.
Éste, con mucho miedo y mucha profesionalidad saborea la tarta buscando con su lengua algún veneno entre las capas de bizcocho, saboreando con mucho miedo a morir lejos de casa.

Un solo bocado podría ser fatal

Tranquilos eh, nadie va a morir hoy aquí.

Al catador no le pasa nada después de probar la tarta. Acaba su pedazo, esperan un tiempo prudente y se preparan para servir el resto de la tarta. Antes de servir la tarta tienen que arreglarla, no pueden servirla en la mesa del papa faltándole un pedazo, eso sería totalmente indecoroso, El papa y sus anfitriones no son estúpidos, ellos saben perfectamente que la tarta ha sido probada; pero para los fotógrafos y la prensa la tarta tiene que aparecer incólume, intacta, inmaculada.

Eso lo arreglan unos orfebres que tradicionalmente forman parte del séquito del papa. Después de que el catador se lleve su trozo, en ese minuto entre que la tarta está preparada, el catador la prueba y los camareros la sirven; en ese momento los orfebres ponen en el pastel una prótesis, le parchean ese espacio con una réplica exacta de la porción que ha sido cortada. Un trozo de tarta falso, un pedazo totalmente ajeno a la unidad de la tarta pero que encaja en ella de forma exacta gracias al trabajo de estos profesionales.
Este nuevo trozo no intenta engañar a nadie, se parece al resto de la tarta pero anuncia su presencia con destellos de diamantes y oro. Es una joya exquisita con forma de pedazo de pastel, hecha con oro, plata, piedras preciosas, marfil de elefante, de hipopótamo y ballena, exquisitas láminas de cristal coloreado que separan capas de perlas auténticas que flotan en un mar de ámbar.

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Le traen uno como este cada mañana.

Sirven la tarta con este trozo, con esa absurda fortuna ahí; nadie la toca, nadie la menciona, nadie señala la maravilla que es. Queda ahí como testimonio de la perfección de la creación de dios.
La prótesis, ese relleno incomestible, intragable, inútil; ese trozo de metal es muchísimo más caro que el pastel. Solo con el dinero gastado en perlas se podría pagar una escuela de repostería que podría superar el nivel del pastel original. Con una sola cucharada de ese falso trozo de pastel se podría pagar toda la estancia del papa en Brasil. Subastando el pedazo de pastel en eBay se podría sacar dinero suficiente como para construir un nuevo Brasil, se podría pagar a obreros para que hicieran una plataforma continental en medio del océano Pacífico y construyeran una réplica exacta del país.

Coche de cocina.

Renault empieza a vender coches que además de servir para ir del punto A al punto B también nos ayudan en la cocina. Apenas se diferencian en nada de los coches normales, pero en el maletero esconden unas herramientas, unos tubos y engranajes raros que hay que conectar en el motor y luego hacer llegar hasta la cocina. Con el motor en marcha los mecanismos estos empiezan a girar y calentarse y pueden usarse para cocinar; pueden conectarse a una batidora por ejemplo o también con un sistema de conductores pueden servir para calentar un fogón. En Renault son muy conscientes de la energía que contiene un coche, han querido sacarla del coche y meterla en nuestras casas, en nuestras cocinas.

También se puede usar en exteriores, en un camping, en una excursión, durante un viaje por el desierto; pero realmente se diseñó para ser usado en casa, se planteó desde el principio para poder llevar la energía desde el aparcamiento hasta la cocina. Los tubos son muy largos y retorcidos, son como piezas de mecano muy grandes y complicadas que hay que ensamblar desde el motor del coche y luego meter por la ventana de la cocina. Tubos de 100 metros de largo, cruzando calles enteras y haciendo giros de 90 grados para entrar por la ventana de un ático; muchos tubos entrecruzándose en la calle.

Que no funcionen con el motor al ralentí, que los de Renault hayan sido tan simpáticos de hacer que todo este sistema se conecte a las ruedas del coche de tal forma que tuvieras que tener al coche dando vueltas a la manzana para poder preparar un gazpacho.