Trineos

Las pirámides de Egipto se hicieron sin ayuda extraterrestre, sin poderes psíquicos, sin magia, sin esclavos y por si todo esto no os deja con el culo torcido también os diré que se hicieron sin usar ruedas ni poleas ni ninguna otra forma circular. Se hicieron con aristas, las pirámides son en si mismas un enorme y pétreo homenaje a la arista viva, a lo angular; a las superficies afiladas e incómodas.

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Movían las piedras con trineos. Con trineos sí, con una cosa que hoy día concebimos como un juguete infantil o como una excusa para dar latigazos a perros.
Los trineos no tenían esquis, tenían putas víboras atadas en la parte de abajo, víboras de arena; cientos de putos serpientes cargando bloques de piedra que pesan más que toda tu familia junta. Se deslizaban sobre una masa de reptiles vivos.

Hablamos de serpientes de hace cuatro mil años, serpientes del pasado joder. Una especie gigante de víboras de arena de cinco metros de largo, casi ochenta kilos de carne reptiliana entrenada para mover putas toneladas de piedra del punto A al punto B cuzando el desierto.

Muchas serpientes gigantes, trineos rústicos, bloques de piedra aún más rústicos avanzando a altas velocidades, saltando dunas, atravesando tormentas de arena, nadando en el Nilo, adaptándose al terreno de forma instintiva; ayudando a levantar un imperio que ha perdurado milenios.

Joder, recuperemos esa mierda, afrontemos el siglo XXI deslizándonos en nuevos trineos. Con asientos de cuero, airbag, aire acondicionado,equipo de sonido,carrocerías de aluminio, de titanio. De fibra óptica.
Dejémonos llevar por las serpientes.

Perspectiva

¿Sabes eso de la gente que lleva la cabeza rapada y de vez en cuando les sale vapor de la cabeza?
Es bastante común, no sé si es por frío, por calor o para hacerse los interesantes; pero se ve mucho.

Didier Cuche

Que en el medievo mataran a la gente por esto, que los detuviera la Inquisición y los serrase por la mitad o alguna otra barbaridad. La Inquisición condenando a muerte a personas por meras funciones fisiológicas. 

Caridad.

Un hombre pide dinero en la calle, tiene un cartel en el que con letra muy apretada explica que él era médico antes de acabar en la calle. Cuenta que fue ginecólogo y obstetra, un especialista, cuenta que tiene libros escritos sobre el tema. Que por la puta crisis y los recortes de sanidad ahora está en la calle. Explica que ha ayudado a traer al mundo a cientos de niños, que ha salvado vidas y que ahora necesita un poco de ayuda para rehacer la suya.

Cuenta también que él estuvo en el parto de Anne Igartiburu, sí; en el parto de la famosa presentadora. En su cartel de cartón explica que es cierto que Anne Igartiburu nació como hombre, bueno, como hermafrodita. Asegura que Anne Igartiburu nació como hermafrodita, con un rabo (polla) y unos testículos vestigiales, testículos muy pequeños, como garbanzos. Continúa explicando con letra cada vez más pequeña que él fue también quien decidió operarla cuando aún era una recién nacida, que fue él quien la convirtió en una mujer de verdad. Bueno, en una mujer de verdad por fuera, por dentro sigue teniendo un poco de hombre todo bien escondido debajo de costuras. 

¿Vaya estafador no? El cabrón está usando una leyenda urbana para meterse en nuestras cabezas, cree que si consigue un vínculo emocional con los transeúntes le echaremos alguna moneda que otra y para destacarse ha optado por usar la cultura popular española. Cree que la historia del hermafroditismo de Anne Igartiburu es un buen gancho, el muy crápula cree que hace falta un buen gancho para conseguir caridad. No le importa mentir, él es perfectamente consciente de que lo que está contando con letra diminuta en su cartel es un embuste enorme, es un cabrón inmoral aprovechándose de la estupidez ajena como si fuera un obispo.

El problema no está en que mienta, el problema está en convertirse en protagonista de un episodio de la cultura española. A nadie le importa si el gitano-rumano que pide sentado en la acera tiene cuatro hijos (uno de ellos discapacitado) o no. Pero si ese gitano-rumano dijera ser descendiente de la puta Nadia Comaneci la cosa ya no tendría tanta gracia. No puedes apropiarte de la historia del mundo y arroparte con ella, no es ético.
Así que que le den por culo. Si quiere que le echemos dinero que se corte una pierna como hacen los mendigos normales.

Intriga explosiva.

2013-05-23 12.31.26Un antiguo caballero medieval, un cabrón bien vestido que se dedica a matar a otra gente por dinero, por dios o por sus huevos toreros. Esa es su arma, un palo con un montón de dinamita encendida atada en la punta, un arma temible en manos de un guerrero diestro. La recibió de su padre y este la recibió del suyo, lleva doscientos años en la familia.

La dinamita de la punta del palo lleva doscientos años encendida, doscientos años chisporroteando sin consumir la mecha. La dinamita cliffhanger, dinamita de la intriga. Algún día el caballero entregará el arma a su primogénito para que le sirva como a él.

Pelo medieval.

En un castillo francés unos tipos están vaciando tumbas, llevan semanas a pico y pala cosechando muertos viejos. No es por dinero eh, son arqueólogos; están desenterrando muertos medievales con la mejor de las intenciones, solo quieren conocer más sobre el pasado. Ya tienen una buena colección, tienen monjes gordos, camareras tetudas y pajes flacuchos, un repertorio de gente medieval bastante variado. Entonces un día encuentran algo nuevo, al abrir una tumba no encuentran un esqueleto humano, ni una momia reseca; encuentran una especie como de molde de pelo.

Es un sarcófago de piedra, de piedra buena, un sarcófago de ricachón pero al ricachón no se le ve por ninguna parte, solo hay pelo, pelo ordenado con forma humanoide, parece el cadaver de un peluche gigante y deforme, parece la mascota olímpica de Chernobil 2032. Pero no es un peluche eh, está duro; es pelo duro, muy sólido y muy suave a la vez. Y no está lleno de nada, está hueco como si fuera un disfraz de pelo sólido, de pelo humano sólido.

Una armadura de pelo del siglo XI, un noble muy loco que se peinaba así, se peinaba como una armadura, con capas de pelo cubriéndole el cuerpo; un peinado muy ceñido, muy ajustado, como si fuera un traje elástico pero es todo pelo engominado. Bueno, no es gomina, no existía la gomina en el medievo. Es una mezcla rara de alquimista, una mezcla con miel, cola, mocos y cualquier cosa para fijar el cabello. Capas y capas de gomina medieval y pelo hasta conseguir una resistencia extrema capaz de detener una espada; un proyecto que podía parecer imposible, pero solo necesitaba voluntad para llevarlo a cabo. Voluntad y pelo, mucho pelo, montones de pelo, el pelo de toda una vida e incluso pelo de sus vasallos; pelo rubio y pelirrojo para hacer filigranas, el puto loco hizo traer pelo de fuera para hacerse una armadura.

pelo

Así que exponen la armadura en un museo; la llevan al museo y la ponen en una vitrina para que la gente vea esa locura medieval. La gente se agolpa para verla, se pierden las formas y la educación, se pegan por ver ese espectáculo de feria. Se corre la voz, se habla de ello en los telediarios; en telediarios de otros países.

-¡Vayamos todos a ver la armadura de pelo.!
-¡Mira cuánto pelo!
-¡Todo eso es pelo medieval!

Miles de personas van al museo solo para ver esa mierda, hacen cola durante horas y se quedan con la boca abierta frente a la asombrosa armadura de pelo. Y joder, un día cuando la exposición ya lleva mucho tiempo, un día la armadura se empieza a mover; de pronto la armadura se revuelve dentro de la vitrina y empieza a golpear los cristales con sus puños de pelo engominado. Pero no pasa nada eh, no sale y empieza a matar gente, no es una momia del antiguo egipto, no va a escapar y asesinar uno a uno a los arqueólogos (menos a una de ellos que se parece mucho a su difunta esposa, a esa no la mata). Tranquilos, no hay ninguna maldición, ni hechizos ni amuletos raros y además la vitrina es de cristal blindado.

La cosa es que la armadura está llena de piojos, está repleta de piojos descendientes de los piojos medievales que infestaban el pelo del puto noble francés medieval. Y bueno, los piojos estos han hecho una especie de civilización rara de vivir dentro del pelo, de moverse con el pelo, de mover el pelo incluso. En el pasado ayudaban al noble a pasear con su armadura por el medievo, con la ayuda de sus miles de piojos el noble combatía en batallas jodidas; la armadura combatía sola incluso, el noble podía echarse una siesta y despertarse con la batalla ganada. Creía que estaba hechizada, que cumplía su voluntad, pero solo eran unos piojos medievales superevolucionados tras cientos de generaciones naciendo en la misma masa de pelo.

Por supuesto que no van a desparasitar la armadura de pelo. No van a gasear a esos miles de piojos medievales, no sería ético. Van a reforzar el cristal de la vitrina y exponer la armadura viviente ante miles de turistas y curiosos. Además, el museo necesita el dinero.

Piel piel.

La costumbre de arrancar cabelleras fue introducida por los europeos en norteamérica. Contrataban a los indios como mercenarios y les pagaban por cabellera cortada. Nunca quedó muy claro para los indios qué pasaba con las cabelleras una vez en manos de los blancos pero el negocio les fue bien durante algún tiempo así que sencillamente lo dejaron estar.

En europa, los reyes y ricachones, usaban las cabelleras como papel higiénico; en la corte de Versalles el no va más en refinamiento era limpiarse el culo con una cabellera después de cagar . No tenían nada mejor, una buena cabellera podía durar años y ser tan suave y resistente como el primer día.

Hoy día son parte del patrimonio familiar de esos viejos aristócratas. Son codiciadas, admiradas, estudiadas; hay subastas y salas de museo especializadas. Se han convertido en valiosas antigüedades, bienes culturales protegidos por la UNESCO.
Joder, que se sigan usando. El príncipe Felipe sonándose los mocos con la cabellera de un desgraciado de hace dos siglos.

La colección de Fernando Cospi.

En este grabado de finales del siglo XVII vemos la sala donde Fernando Cospi guardaba su colección. cospi museo

Podemos ver animales extraños disecados, animales que no existen fuera de la colección del marques de Cospi, también hay caracolas, corales y otras baratijas del mundo natural. El resto de la colección es una mezcla de armas viejas, armas viejas ya en el siglo XVII y montones de antigüedades valiosas guardadas en ese armario masivo.
Una colección única, en ese momento en Europa no habría ni un centenar de colecciones como esa. Aparte de ser valiosa era una excentricidad como el parque de atracciones de Michael Jackson o el tigre de Jesulín de Ubrique. En el siglo XVII no había policía, ni alarmas, ni empresas de seguridad; si querías mantener tus cosas seguras tenías que poner dinero de tu bolsillo y contratar por tu cuenta a unos tipos armados.

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Joder, Fernando Cospi confiaba la seguridad de su colección a un enano con bigote, su único secuaz era un enano con una vara rara en la mano. Cuando hay peligro el enano trepa muy rápido por las estanterías, como tiene las manos y los pies pequeñitos es muy delicado y nunca tira nada. Una vez sobre la repisa empieza a reír como un loco lanzando amenazas a los intrusos mientras decide cual de las armas será mejor para la ocasión.
Un enano mercenario muy técnico, muy exclusivo; tan valioso como cualquier otra pieza de la colección.
Fernando Cospi tramando en su palacio planes para el dominio mundial junto a su enano guardaespaldas, un villano del siglo XVII esperando pacientemente a James Bond.

1984 para niños.

Ediciones muy vistosas, en tapa grande de cartón como un libro de Asterix; no son versiones en comic eh, son versiones resumidas e ilustradas. Tiene poco texto, las páginas son casi todo dibujo, monigotes coloridos de Winston y los demás personajes. No altera para nada la historia original, pero la falta de texto da una extraña idea de que el desenlace es un final feliz.

Para lectores más mayores, a partir de nueve años según la portada, editan una versión  “elige tu propia aventura” de 1984. Las elecciones disponibles no permiten variar el desarrollo de la historia, solo retrasan las situaciones con complicados diálogos introspectivos en los que el protagonista se plantea su confianza en el régimen descrito en la novela pero estas reflexiones no llevan a la posibilidad de elegir opciones que resulten en disidencia. En los últimos capítulos las opciones disponibles llevan al mismo texto para mostrar la sumisión del Winston bajo el gobierno.
El propio George Orwell escribió el texto para esta edición, declarando que es la versión literaria en la que su historia ha quedado mejor expresada.