Trabuquete.

Nuestros mayores sufren un desgaste muy severo en sus discusiones de barra de bar, sus cuerpos gastados no pueden aguantar horas de debate tomando carajillos, solysombras y manchaos; con el calor de el verano el problema se agrava y corren grave riesgo de deshidratación intentando mantener un ritmo de cháchara que es incompatible con su edad.

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Para proteger ese valor cultural que son nuestros abuelos propongo recuperar los tradicionales duelos a muerte con trabuco español y así evitar que las discusiones de bar dejen a los vejetes secos y arrugados como momias.
Salva a un viejo de morir agotado y deshidratado poniendo en sus manos un trabuco para que mate a su rival dialéctico a tiros; dos viejos entran, uno sale.

Tenemos que elegir entre un abuelo muerto a trabucazos o dos muertos por el esfuerzo físico de discutir sobre política; las matemáticas dicen que la solución correcta es el trabuco.
Cuando la medicina y farmacología moderna no tienen nada que hacer solo nos queda la tecnología bélica de hace doscientos años, armas sencillas para solucionar nuestros conflictos de una forma limpia y sana sin necesidad de alardes tecnológicos ni diseños minimalistas o superficies acolchadas.
Un arma rústica y noble para problemas simples y cotidianos

Trabucos cargados con metralla barrida del suelo del bar, porquería tradicional española usada como munición: servilletas arrugadas, cáscaras de cacahuete, huesos de aceituna, palillos mordidos y cabezas de gambas rechupeteadas.
Metralla ecológica y castiza para matar a coste cero.

Joder, cargar un trabuco con escupitajos de abuelo; matar a alguien disparando un lapo bien espeso.

Hacer juego.

Ese clásico tablero de juego que todos tenemos en casa y tiene un parchís en un lado y una oca en el otro y en su versión más avanzada tiene un ajedrez y un backgammon (sin estrenar).

No finjas que no sabes de qué hablo, si no tienes uno en casa es por que eres una mujer (u hombre) del siglo XXI pero seguro que había uno en casa de tus abuelos. Hoy día es difícil encontrar un tablero dedicado en exclusiva a un solo juego, como si por una vez el mercado si hubiese guiado por la eficiencia y el ahorro en lugar de la avaricia. O quizá se trate de todo lo contrario y el tablero dual parchís/oca fuese de hecho una maniobra mercantil con la que una corporación multinacional dedicada a la juguetería ha arruinado y eliminado del mercado a otros fabricantes que preferían crear un producto más limitado sí; pero más honesto y noble.

Yo no he vivido personalmente la época de los tableros monojuego pero estoy seguro que eran tiempos mejores que los actuales; tiempos libres de discusiones familiares sobre a qué juego jugar en las sobremesas navideñas; tiempos en los que las familias estaban más unidas y nos divertíamos con cosas sencillas como lanzar dados y mover fichas de colores.

Pero ya no estamos en esos tiempos, estamos en el futuro y tenemos que huir hacia delante y no fijar la vista en un pasado idealizado de tableros limitados a un solo juego; vayamos más allá del tablero de dos juegos y aprovechemos todas las posibilidades que da el volumen del tablero.
Juegos de mesa nuevos que se juegan en los cantos del tablero, juegos diseñados específicamente para la limitada superficie de las aristas del tablero.

juego2Llegarán entre vítores anunciando sus grandes ventajas, clamando que son la revolución en el mundo de los juegos de mesa y que hasta la llegada del tablero con tres juegos ninguno sabíamos lo que era jugar de verdad. Intentarán engañarnos igual que nos engañaron antes obligándonos a comprar un tablero dual cuando odiábamos el parchís pero esta vez será peor pues tendrán que inventar una nueva mentira a cuatro colores con la que atarnos y obligarnos a bailar a su son.
No conozco el futuro, no sé qué clase de juegos serán estos ni cómo se jugaran pero esos juegos están por venir y debemos estar preparados para ellos.

“Aquí hay sabiduría: El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.”

Apocalipsis 13-18

Juegos de niños.

Un juego raro que se ha puesto de moda en los colegios que consiste en juntarse muchos niños para mear todos en el mismo retrete intentando no cruzar los chorros. Hay mucha alarma al respecto, mucha circular de asociaciones de padres de alumnos, mucha alerta sanitaria pese a que es imposible que una enfermedad o infección se transmita meada arriba.
Más allá de la confusión de los padres y profesores está la queja de las limpiadoras que no quieren hacerse cargo de los los charcos de meada, que opinan que lo que deberían de hacer es obligar a los niños a limpiarlo con la lengua.

Los psicólogos no saben qué pensar, no saben si se trata de algún juego juego de temática sexual temprana o si la diversión radica en el tabú del orín; hay muchos factores que analizar, muchas pollas de niño pequeño que intentar obviar para no parecer un puto pedófilo cuando escriben artículos al respecto.

Desde la dirección del colegio han intentado atajar el problema prohibiendo el juego, pero eso solo ha conseguido popularizar el juego gracias al morbo de lo ilegal/clandestino.
Además es una actividad difícil de regular porque no es necesario ningún equipo específico para ello, solo hace falta juntar niños meones en torno a un retrete.
La única forma de identificar a los infractores es atraparles in fraganti mientras mean, pero pocos profesores están dispuestos a participar en redadas en baños infantiles.
Mucha polla de niño guardada a toda prisa dentro del pantalón, mucho pellejo pillado por la cremallera.

Calcetines esquivos.

Unos padres primerizos muy preocupados por la desaparición de los calcetines de su hija primogénita. Al principio se lo tomaron a broma, creían que se perdían en la colada o que la niña los extraviaba en los cajones y se limitaron a comprarla calcetines baratos, calcetines de mercadillo con bordados torcidos que parecen hechos por y para supervivientes a una guerra nuclear pero con el tiempo eso no fue suficiente. La niña no perdía muchos calcetines, los perdía todos.

Calcetines comprados por la mañana desaparecían durante la noche y la única forma de evitarlo era quitárselos a la niña al acostarla y guardarlos en otra habitación. Al día siguiente el cuarto de la niña amanecía revuelto como si la niña hubiese pasado la noche en vela buscando sus calcetines por todas partes pero ella siempre lo negaba todo y parecía incluso asustada.
Ante la perspectiva de que la niña pudiese tener un problema de sonambulismo la llevaron a un psicólogo infantil para tener una tercera opinión, buscando una voz autorizada que les explicase que es totalmente normal que un niño haga desaparecer sus calcetines, que su niña es normal y no es necesario drogarla con sedantes ni encerrarla bajo llave.

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Pero no, el psicólogo les dice que la niña le ha explicado entre lágrimas que cada noche la visita un fantasma y la roba sus calcetines y que eso en la profesión suele significar que algo horrible sucede en esa habitación durante la madrugada.
Dice todo esto con voz muy calmada hablando sobre el subconsciente y trastornos del sueño pero sus ojos dicen otra cosa, sus ojos miran a la madre diciendo “te has casado con un pedófilo”.

La madre no se lo plantea en absoluto, son un matrimonio moderno que no cree en la psicología y prefiere confiar en la tecnología así que juntos instalan en secreto una cámara oculta en el cuarto de la niña y al día siguiente tras la habitual desaparición de calcetines y el llevar a la niña al colegio se sientan juntos en el sofá para ver el vídeo.

Joder, que realmente haya un fantasma que recoja los calcetines de la niña y después se desvanezca delante de la cámara; joder, que el fantasma sea el de Michael Jackson.
Habrá quien no crea esta afirmación, habrá quien crea en fantasmas pero vea imposible que el fantasma de Michael Jackson se pueda aparecer en la casa de una familia de clase media española, como creyendo que eso son demasiados eventos paranormales al mismo tiempo.
Michael Jackson está muerto, tan muerto como tus abuelos y como muerto que es tiene el derecho el deber de aparecerse a personas vivas. Que en vida fuese un estandarte de la cultura pop no le hace ajeno a la tradición fantasmal, su fantasma es tan perfectamente plausible como el de una monja decapitada durante la invasión napoleónica.ghostaAhora que saben que su hija no está loca (y que el padre no es un pedófilo) están muy emocionados sabiendo que Michael Jackson visita a su hija cada noche. Les gustaría saber por qué el rey del pop da un trato privilegiado a su hija pero entienden que hay misterios que la razón humana no puede sondear y prefieren no hablar del tema y agradecer en silencio este contacto cercano con el más allá.

¿Vaya padres más irresponsables no? No digo que no sea posible sentirse orgulloso por la visita del fantasma de un famoso, pero quizás tendrían que plantearse que hay algo sucio en todo esto, que no hay ninguna razón lógica por la que un fantasma (un fantasma americano además) pueda necesita unos calcetines y que la desaparición de los calcetines del universo material está desgastando el tejido de la realidad y que las consecuencias se escapan por completo a nuestro control.

Asueto.

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Un señor normal, con una familia normal y un trabajo normal; que durante toda su vida ha tenido una conducta normal pero cuando tiene un puente en el trabajo pasa un día o dos en la ducha.
Solo lo hace cuando tiene varios días libres, no lo hace los fines de semana; los fines de semana los pasa como los señores normales.

No está tan loco de intentar pasar todo su tiempo libre metido en la ducha, sabe que tiene que estar con su familia; de hecho no es que lo sepa, es que quiere, quiere a su familia y quiere pasar tiempo con ellos. Son una familia muy unida salvo cuando él se mete en la ducha para no salir.
Ellos lo aceptan y hablan abiertamente del tema, incluso hicieron obra en el baño para que estuviese más cómodo dentro de la ducha.

El problema es cuando hay visitas y éstas no entienden por qué una persona va a querer pasar 24 horas duchándose; no lo ven bien; creen que quizás sea demasiado tiempo, que tiene que haber algo más que agua caliente cayendo a presión.
No hay nada más, que no entiendan el placer de una ducha caliente no significa que otra gente no pueda disfrutar de ello. No somos quien para cuestionar el disfrute de otros.

Esta es una familia feliz, no vengas a joder la marrana.

Tradición

Tienes un abuelo al que no le gusta el vino, le gusta la cerveza y todos los demás abuelos le mirarían mal cuando piden una ronda de chatos de vino y una caña para Fermín si no fuera porque tu abuelo es una de esas personas que es como si tuvieran una luz dentro y la compartiera con los que le rodean.
Es un solete tu abuelo, es majísimo. Es todo lo contrario al típico viejo amargado, es un hombre abierto, amable, cansado sí; no viaja mucho porque está mayor pero siempre está dispuesto a conocer gente nueva y escuchar. Todos le quieren en el barrio y están más que dispuestos a unirse a su partida de mus en el bar.

La cosa es que un día engatusas a tu abuelo para llevarle a Burgos a una visita guiada que hacen a la antigua fábrica de cerveza en la que se invento la San Miguel. Actualmente parece un corral en ruinas pero en su momento fue la mayor fábrica de cerveza de Castilla. Está en un pueblecito alejado de la mano de dios y no recibe apenas visitantes, al llegar descubrís que sois los únicos.

Al guía no parece importarle, es un hombre gordo y enorme como un oso que parece disfrutar enseñando la fábrica como si este fuera el sueño de su vida. Os lleva de una sala a otra señalando prensas, cubas, barriles, espitas; material industrial decimonónico cubierto de polvo y herrumbre.
La parte más importante de la visita es el ala de la fábrica donde se fabricó la primera San Miguel. Ahí hay maquinaria puesta a punto pare recrear la receta original y daros una muestra fresca como regalo con el final de la visita. Es auténtica cerveza artesana, espesa y amarga muy diferente a las cervezas que bebemos hoy.

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El guía os la trae en la mano, ha hecho un cuenco entre sus manazas y lo ha llenado de cerveza con un grifo que se acciona con el píe. Os ofrece a beber de sus manos cerveza fría y espumosa que ha hecho él mismo. Tu abuelo no sabe cómo decir que no y acaba bebiendo un largo trago de las manos del hombre.
Después de probarla dice que es la mejor cerveza que haya probado nunca.

Joder, que todo esto sea cosa tuya para vengarte de unas bromas raras de abuelo que te hacía cuando eras pequeño y tú ahora veinte años después te vengas de él haciéndole creer que está bebiendo cerveza tradicional de las manos de un guía turístico cuando en realidad está bebiendo cerveza tradicional de las manos de un yonki de mierda.

Una historia con dos finales felices.

Hoy presentamos una colaboración exclusiva de @DonMostrenco, autor del fantástico científico blog empollonintegrista.wordpress.com. ¡Que la disfrutéis!

Normalmente los casos de hipoxia durante el parto no son motivo de alegría, pero ésta fue una ocasión excepcional.

El bebé se llamaba Talavera Magán (sí, Talavera, ¿acaso no hay un Tennessee Williams?,¿o una Paris Hilton?), y debido a las complicaciones del parto nació con incapacidad para sentirdolor. Su problema neurológico podría llegar a asemejarse, incuso, a un superpoder. Como todo superpoder, tenía un lado oscuro que no tardó en manifestarse. Pero hablemos antes de Paco, el padre de la criatura, que le crió en solitario.

Paco era un calvo peinado con cortinilla, que pasaba el día entero en la taberna bebiendo chatos, fumando puros y contando chistes de suegras. De vez en cuando intentaba tocarle el culo a la camarera rumana; era su manera de demostrar aprecio. Su modus vivendi incluía una violenta devoción por el Atlético de Madrid, hasta el punto de que el resultado de un partido a menudo determinaba dónde pasaría la noche: en el puticlub más próximo o en la comisaría del barrio.

No obstante, no se dejen engañar por las apariencias, Paco no era ningún holgazán y sus horas en el bar no eran tiempo perdido. Cada chato, cada chiste soez, cada manotazo en la barra y cada alarido a la tele podían considerarse parte de su trabajo, pues su fuente de ingresos eran los derechos de imagen que recibía de varios ensayos feministas. En uno de ellos, titulado “Todos cerdos”, incluso salía en portada. Paco era un hombre de éxito cuyo ejemplo nos demuestra una vez más que, haga uno lo que haga en la vida, hay que llevarlo hasta sus últimas consecuencias. La tibieza nunca llega lejos.

Un padre como Paco solamente conocía un método pedagógico, educar a hostia limpia. Pero aquí se planteaba un problema gnoseológico: si el chaval no sentía dolor, ¿de qué serviría arrearle? Decidió pues dejarle crecer, como dicen en mi tierra, a su puto albedrío. El chaval, como era de esperar, se convirtió en un cabronazo intratable: no estudiaba, se peleaba en el instituto y fuera de él, eructaba en la mesa…

Todo cambió cuando, una noche, el Atlético perdió ante el Celta de Vigo. Milagrosamente, Paco logró superar la distancia que separaba el bar de su casa sin ser detenido, a pesar de su estado de violencia y agitación. Al llegar a casa, su hijo le recibió con algunas impertinencias, y Paco se lió irreflexivamente a guantazos. De éste modo descubrió que, aunque no sentía dolor, a Talavera le horrorizaba el ruido de las hostias.

¡Al fin había encontrado una manera de educar a su vástago!. Los guantazos con la mano hueca en la base del cuello eran especialmente eficaces; hacen muchísimo ruido pero apenas duelen, aunque esto último Talavera no lo sabía. Y así, a base de éstos correctivos sonoros, Talavera se encarriló, volvió a estudiar, y llegó a ser un gran contable.

Ah, y el Atlético remontó en el partido de vuelta en Balaídos.

Comer fuera.

Órdenes mal en el restaurante, parejas muy bien vestidas que piden como entrante un cubo extra grande de palomitas preguntando cómo es de grande el cubo. Que exigen al camarero que explique con gestos cómo es de grande el cubo porque no quieren que les estafe.

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Parece que el imbécil es el camarero.

Que de hecho sea posible realizar esa orden, que realmente tengan una máquina de palomitas y cubos de plastiquete para servirlas. Mucha sangre fría por parte del camarero para mantener la dignidad del negocio mientras les lleva las palomitas en un cubo encima de una bandeja. Que no pidan nada más pero dejen buena propina.

Órdenes peor que mal, un hombre que lleva a su familia a un buen restaurante el día de su cumpleaños y su primogénito pida un mini de ron con cola para beber. Que además le de igual el ron, que pida ron Cacique o Negrita y se enfade con el camarero por no tener vasos de plástico.

Joder, que el niño meta los dedos en el mini para sacar los hielos y luego los tire al suelo del restaurante y todo esto con el beneplácito del padre.

Vuelo libre.

Una noche sin venir a cuento la abuela se murió, pero como no nos dijo nada no nos dimos cuenta hasta por la mañana. No fue nada divertido, hubo muchas llamadas telefónicas muy tensas y muchos lloros y muchos familiares desconocidos que tenían que dormir en el salón de casa como si estuviéramos en una acampada rara.
Toda la familia se reunió para la lectura del testamento, no porque estuviéramos detrás de su dinero (que lo estábamos) sino porque la abuela había pasado los últimos años haciendo comentarios muy sibilinos sobre lo especial que iba a ser su entierro; comentarios muy crípticos sobre que nunca antes se había visto nada igual. No le contó a nadie el secreto, a la abuela le encantaban las sorpresas.

La abuela quería que lleváramos su cuerpo a la fábrica en la que había trabajado su marido para que lo plastificaran. No lo hacía por un extraño amor al lugar de trabajo del abuelo sino porque le iban a hacer un precio especial por ser viuda de un antiguo empleado. Por eso y porque la ilusión de su vida era ser plastificada al morir.
Le encantaba el tacto del plástico y quería pasar la eternidad atrapada entre dos superficies plásticas, envasada al vacío y aplanada como un sello.

Lo hicieron en el turno de noche porque había menos ajetreo en la fábrica y el encargado del turno había sido seminarista de joven. Metimos a la abuela en una máquina muy grande que cuidadosamente la comprimió y selló entre dos láminas de plástico; cuando acabó todo nos la llevamos a hombros y la colgamos en la pared del salón como si fuera una versión fotorrealista del hombre de Vitruvio de Da Vinci.

No joder, ¿Cómo íbamos a colgar un cadáver en el salón de casa? Vaya locura sería eso, tener a tus seres queridos colgados en el salón como si fueran un ridículo cuadro comprado en ARCO. Eso no le hubiera gustado nada a la abuela, a ella le gustaba la naturaleza, no estar en el salón todo el día viendo la tele sentada en el sofá.

Lo que hicimos fue doblar con mucho cuidado a la abuela para hacer un enorme avión de papel para después lanzarla al mar, fue muy bonito despedir a la abuela en familia hablando sobre los viejos tiempos mientras la veíamos volar hasta desaparecer en el horizonte.

Yesca.

Tu abuela es una maestra jugando a la brisca, es campeona en el pueblo y tiene un montón de trofeos encima de la televisión junto a las fotos de la boda. Si la brisca fuera un espectáculo de masas como lo es el poker tu abuela aparecería en los anuncios de apuestas en internet.

Cada vez que gana un torneo la cocina de casa se llena de señoras que beben anís y coñac y chismorrean mientas comen uvas pasas. También juegan a las cartas en esas fiestas, pero no juegan a la brisca, juegan a…Secuencia 01_5

¿Qué coño pasa? ¿Por qué está ardiendo esa señora? Yo no sé qué ha pasado, ¿Tú lo sabes? Pues eso, aquí jugamos todos en igualdad de condiciones.
La cosa es que salen llamas de la señora y todas se ponen muy enérgicas y se arremolinan a su alrededor sin decidirse a hacer algo hasta que tu abuela saca un tarro de sal gorda de un armario y lo vacía sobre su amiga.

Dice que la sal absorbe el calor, que es la forma más rápida de apagar un fuego. Que así es como se apaga la lumbre cuando no quieres que se consuman las brasas. Que hay que usar sal gorda porque la sal fina la hacen con plástico.
Está loca obviamente, le ha dado un ataque de demencia demencia senil y se ha liado a improvisar remedios tradicionales en un incendio; en un incendio en una persona, una persona mayor además.

Que el resto de señoras se suban al tren de la locura de tu abuela, que propongan cosas raras, que discutan mientras le aplican friegas con lavaplatos y gel de baño al mismo tiempo. Que discutan sobre cual de los dos productos debe ir encima del otro.
Joder, que una de ellas, una mosquita muerta que ni siquiera juega a la brisca, una que ni habla, que solo viene porque le gusta oír hablar a alguien mientras hace sudokus; que esa vieja con asperger proponga que le pongan por encima una manta empapada con orina porque la orina es hipoalergénica. Pero solo cuando está fría.