Internalguium.

Un arco monumental hecho por encargo, sin ganas; lo empezó a hacer poco a poco y fue dejando estar lo del arco hasta que al final le salió esto. Arco de medio punto estrecho, arco prieto como el culo de un marinero ruso. Muy sólido, muy monumental, pero también muy alejado del concepto de arco.

arco2Ese momento en que deja de ser arco para ser un miserable muro con una rendija en medio, esa catarsis del artista cuando decide mandar a tomar por culo la tradición. Ese Ferrán de la arquitectura conmemorativa.

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The Bridgerer

Una mujer a la que le gusta mucho la arquitectura contemporánea en particular la arquitectura deconstructivista y orgánica del siglo XXI, tiene gustos muy vanguardistas. Aprecia obras polémicas como las de Lloyd Wright, Frank Gehry o Santiago Calatrava, en particular le gustan las obras de éste último. Ella no es arquitecta ni mucho menos eh, que sea lesbiana no la convierte en una super mujer, ella trabaja como veterinaria (ser veterinaria parece ser menos impresionante que ser arquitecto, pero los veterinarios salvan vidas, vidas animales).
Aparte de la arquitectura también le gustan las mujeres; mayores, jóvenes, rubias, morenas, pelirrojas (ser mujer no la convierte en un ser superior y también se deja llevar por el habitual fetiche hacia las pelirrojas); le gustan de cualquier tipo mientras sean muy altas de como mínimo dos metros de altura, altas y huesudas como atletas rusas.

Un día tiene que ir a Buenos Aires por motivos personales que no vamos a mencionar porque pertenecen a su vida privada y no es necesario que sepamos para comprender esta historia, un día tiene que ir a Buenos Aires y se pone muy contenta porque nunca ha estado ahí antes. Ella es argentina pero no vive en Buenos Aires, hay más sitios aparte de Buenos Aires en Argentina, es un país grande y ella vive en un pueblo de mierda poblado fundamentalmente por ovejas y llamas. Es un pueblo de mierda pero es real, tiene nombre incluso, se llama Lanita por ejemplo. Hay más cosas en Argentina que Buenos Aires y Lanita, Argentina es un gran país, vive Argentina.

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Lo hicieron en Vitoria pero está en Buenos Aires. Vaya huevos Calatrava, vaya malabares nos haces.

Le hace mucha ilusión ir a Buenos Aires porque así podrá visitar la única obra de Calatrava en Argentina, el Puente de la Mujer, así que lo primero que hace en cuanto acaba con lo que ha ido a hacer (ha ido a abortar ¿vale? Es lesbiana sí pero estaba embarazada y ya no, eso es todo; no la juzguéis y dejemos de complicar más esta historia) es ir a visitar el puerto para ver por primera vez en la vida la obra de su ídolo..

Y le gusta, le gusta mucho; el Puente de la Mujer está inspirado en la figura de una mujer bailando el tango y a nuestra heroína le gusta; aprecia en el perfil metálico del puente la belleza de una mujer, de una mujer atractiva además. Una mujer muy alta y de huesos muy marcados.
Su mente es plenamente consciente de que se encuentra frente a una obra arquitectónica pero más al fondo de su psique, en niveles húmedos y oscuros, en  ese cerebro subterráneo se enciende una chispa que la hace querer tirarse al puente ahora mismo.

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Tirarse muy fuerte a un puente, sexo muy duro con este chisme.

Y lo hace. De alguna forma consigue mantener relaciones sexuales con un puente de acero, un puente de más de cien metros de largo y que gira sobre si mismo para dejar pasar a los barcos, barcos pasando mientras todo esto sucede.
Sexo duro, frío y sucio, tan sucio que muere, muere desgarrada, muerte cortada por la mitad con una pierna en cada lado del puente .

Todo esto es captado por las cámaras de seguridad y gracias a Youtube se convierte en un éxito hasta que llega a ojos del mismísimo Santiago Calatrava (Santiago Calatrava viendo vídeos en Youtube) que al verlo decide muy rápidamente denunciar a la fallecida por abuso sexual de su obra, vejación, agresión al honor o la figura jurídica adecuada para acusar a una persona que se ha follado sin tu consentimiento un edificio que has diseñado.
La noticia aparece en portadas de todo el mundo, Calatrava es famoso y además no es habitual que haya juicios por violaciones a edificios; es un caso que obliga a reescribir libros de leyes, hay incluso excursiones de alumnos de derecho que van al juzgado a ver como sucede en directo. Calatrava es famoso pero además es odiado, tiene muchos enemigos y lo que esperaba que fuera un juicio fácil del que sacar publicidad y dinero acaba saliendo mal.
Le acaban condenando a veinte años de cárcel por violación y homicidio.

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VIOLADOR VIOLADOR VIOLADOR VIOLADOR VIOLADOR VIOLADOR

Es muy dura la vida en la cárcel cuando eres un arquitecto famoso. No solo tienes que evitar meterte en problemas con alguna de las bandas, vigilar tu culo en las duchas y tragar bazofia para desayunar, comer y cenar. Cuando eres un individuo tan odiado como Calatrava también tienes que aprender a defenderte de presos que odian tu obra y están siempre al acecho esperando parte de tu merecido. Y estar acusado de violación no ayuda a que las cosas sean más fáciles.
Pero lo peor para Calatrava es verse rodeado permanentemente de paredes de hormigón, paredes rectas de color gris sin ninguna superficie brillante, lejos de los brillantes tirantes de acero que tanto ama. Puede soportar las palizas, los insultos, las humillaciones y la mala comida pero va a perder la cabeza tratando de encontrar un poco de arte entre tanto hormigón.

Un día un grupo de presos soborna a los guardias para que les dejen una hora a solas en las duchas con Calatrava. Son una pandilla de judíos presos por judíos estafa y malversación que odian muchísimo el puente que hizo el arquitecto en la ciudad de Jerusalén, lo odian tanto que están dispuestos a forzarle mantener relaciones homosexuales con tal de hacerle saber que consideran que con su obra está mancillando la tierra de sus antepasados. Entran riendo a las duchas con ganas de partirle la cara y reventarle el culo. Se oyen un montón de gritos durante un rato y después nada.

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El conocido como Pincho de Calatrava.

Cuando los guardias entran a las duchas encuentran a Calatrava empapado en sangre en píe entre un montón de cadáveres. Tiene en la mano un alambre retorcido, una especie de sacacorchos cromado. Es un arma de defensa que ha hecho usando los muelles del colchón y sus poderes de ingeniero civil, tiene forma espiral, varias puntas aserradas y un mango sólido y ergonómico. Al igual que todas sus obras este pincho carcelario es totalmente contrario a la vida, ha afilado cada punta para que corten en profundidad llevándose por delante carne y hueso. No lo hizo pensando en la funcionalidad, lo hizo por su belleza, es un pincho artístico, obra del psicópata que habita en su interior y solo deja salir para crear.
Es el pincho carcelario definitivo, lo judíos no tenían ninguna oportunidad contra él.

Por supuesto que los guardias le dan una paliza y le meten en una celda de aislamiento, pero el rumor está corriendo; Calatrava es peligroso, es un animal, una bestia rabiosa a la que hay que respetar.
Cuando vuelve de aislamiento ya no es ese arquitecto cuatro ojos al que robaban la comida, se ha ganado el respeto de la cárcel. Mientras avanza por la galería los presos ahora corean su nombre desde sus celdas golpeando los barrotes. Su nombre ya no es Calatrava, no; ahora es The Bridgerer. El hacedor de puentes.

Dentro del huevo.

El museo tenía una fachada impresionante, llena de cristal y acero; unas burbujas raras, como si hubiera estornudado un dinosaurio al pasar por la calle. Los turistas pasaban horas sacando fotos antes de entrar.

Después de entrar ya no sacan fotos. No sacan fotos porque el vestíbulo es una habitación de aislamiento, hermética y de color blanco. No hay un mostrador con una rubia detrás repartiendo folletos, no hay un sitio donde dejar los abrigos ni un guardia de seguridad aburrido en una esquina. De hecho no hay esquinas, es una habitación esférica  en la que la luz parece no venir de ningún punto y de todos al mismo tiempo. Es un refugio místico, una habitación impermeable e insonorizada. 

Se planteó como una cámara estanca, una zona de transición entre el mundo real y el mundo del arte. Un lugar en el que la mente se desliga del cuerpo y sus preocupaciones para transformarse en algo diferente, en algo más ligero y etéreo; antes de entrar al museo son turistas, una vez dentro son otra cosa. La sala funciona como una crisálida pero con menos mierda por dentro. Todos los museos deberían tener una una esclusa cultural, una demarcación clara de cuando estamos dejado atrás lo terrenal. egg

En realidad no funciona, es un desastre como experimento museográfico. Nunca nadie ha pasado un minuto en el interior de ese huevo raro, la sala nunca ha estado llena de jóvenes amantes del arte sentados en el suelo respirando acompasadamente preparándose para el museo. Solo hay turistas muy confusos, niños muy nerviosos y señoras mayores palpando las paredes buscando la puerta de salida.

Cuando dejan la sala no son esas etéreas criaturas culturales pero tampoco son turistas, se han convertido en náufragos sensoriales; el paso por la sala los ha dejado perdidos y necesitados de estímulos. Pero una vez que salen de la sala no encuentran un suelo firme bajo sus píes, solo encuentran obras de arte, elementos aislados y extraños como vestigios de civilizaciones extraterrestres. Tardan un buen rato en volver a la normalidad, necesitan encontrar asideros mundanos como extintores o envoltorios de comida; objetos que son nexo con el mundo real entre tanta instalación conceptual.

Se sale del museo siguiendo un pasillo muy estrecho, un pasillo sinuoso del que no ves el final, un pasillo misterios en el que se intuye una luz al fondo. La intención del arquitecto era evocar el cuello uterino, evocar el nacimiento; quería hacer una alegoría del museo como lugar de gestación, de crecimiento del visitante pero desde el exterior parece que el museo está cagando turistas, masas de turistas mareados y cegados por la luz del exterior.

Arquitectura oscura.

Un edificio abominable, no feo; una madriguera de maldad, un punto negro en la geografía del planeta, epicentro de la oscuridad de la historia reciente, más allá del bunker de Hitler o el hotel del resplandor. Un símbolo claro de la presencia de El Mal en la Tierra. No lo visita Iker Jimenez, no es una casa encantada famosa en la que los niños se cuelan las noches de verano; a este sitio lo señalan desde lejos llorando aterrorizados.

El sitio es tan jodido que la UNESCO lo tiene bajo amenaza, sí, la UNESCO lo tiene en el punto de mira; incluso hay un proyecto para plantear las posibilidades de destrucción del puto sitio para que no pueda volver a hacer daño. Ingenieros, científicos, artistas y militares se reunen en un congreso internacional en el que se discute la intervención. ¿Cómo te deshaces de un cáncer de ese tamaño? Estamos hablando de maldad encarnada, no de un monumento polémico; sus muros están hechos con pesadillas y no puedes matar a una pesadilla con una bola de demolición. Se plantean forrarlo con plomo, volarlo con armas nucleares o hundirlo en un foso de ácido, pero todo eso no serían más que parches o peor; esparcir El Mal por los alrededores y crear una zona tan despojada de vida humana con Chernobil.
Finalmente el proyecto de la danesa Anna Iversen es el que se llevará a cabo. Iversen forma parte de la Agencia Espacial Europea; es ingeniero de cohetes y ha puesto en órbita una docena de satélites en los últimos cinco años. Su plan es mandar el edificio al espacio. No van a desmontarlo y montarlo en cohetes; nadie va a tocar nunca más el sitio. Va a hacer una explosión de autor, muy calculada, con explosivos diseñados para la ocasión; unas bombas térmicas raras que crean una corriente de aire que manda a la atmósfera cualquier cosa en un radio de varios kilómetros. Las han probado reventando pequeñas islas del Pacífico y trozos del desierto del Sahara, en un sistema totalmente confiable, todo el edificio será volatilizado y sus restos saldrán disparados lejos del planeta.

O quizá no sea un buen plan. Quizá lo que estamos enviando al espacio no es más que un símbolo de la maldad intrínseca al ser humano. Quizá estamos proyectando al espacio el cáncer esperando que se diluya en el vacío. Quizá vuelva, quizá nos lluevan meteoritos, o peor aún: quizá esa oscuridad en polvo quede flotando, forme un velo negro sobre el planeta.