Campaña sin mentiras.

La nueva campaña de publicidad de Burger King es muy jodida, ataca la consciencia como un torpedo; un anuncio como un misil dirigido por un cirujano, anuncios que hubieran hecho a Bin Laden pedir una hamburguesa. Mandan a la mierda la teoría publicitaría del siglo XX, no hay estudio demográfico, es la misma campaña aquí y en Japón. No lo necesitan porque son anuncios muy específicos, no venden un producto, ni una marca ni una imagen. Lo que venden es una sensación, un recuerdo muy determinado y universal; venden el queso de las hamburguesas. El queso es el protagonista de anuncios con mucho zoom, imágenes muy cercanas de queso fundido. Travellings hechos con cámaras especiales que graban a cámara lenta el vapor del queso caliente, planos que parecen paisajes primigenios con masas de carne, pan y queso, un mar de dulce queso color mostaza. Imágenes muy explicitas de láminas de queso caliente, anuncios considerados cheese porn, pornografía gastronómica.
Carteles publicitarios que solo muestran el queso, carteles con cuadrados de color mostaza y ningún símbolo asociado.

Funcionan muy bien estos anuncios porque no intentan vender nada aparte del queso, cualquiera puede sentirse tentado por estas imágenes de queso. El éxito del anuncio es la falta de una imagen de marca, la no creación de un consumidor ideal. Burguer King no quiere cambiarte, Burguer King solo quiere que compres sus hamburguesas.
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Riguroso directo.

El año pasado el conquense Luís Madariaga fue reconocido como el mayor levantador de peso del mundo al levantar treinta y dos kilos usando únicamente su meñique derecho; esto le ha valido una mención el Libro Guiness y la fama nacional, apareciendo en periódicos y programas de televisión. Con sus proezas de fuerza y su simpatía Luís se ganó el corazón de los españoles, llegando a ser el pregonero de las fiestas de su ciudad el verano pasado.

Esta noche en el aniversario del premio, Luís saldrá en la televisión para ser entrevistado por Andreu Buenafuente. Cuando aparece en el escenario el público aplaude, su familia está entre el público, sus padres, sus hermanos, su novia… Buenafuente le saluda, se sienta en el sofá; en realidad no es tanto una entrevista como una conversación. Salen imágenes de Luís llevando las bolsas de la compra por Cuenca, las sujeta con los meñiques por supuesto; se cruza con gente que le saluda, él responde a los saludos pese al peso de la compra; en casa levanta a su sobrino usando los meñiques también. Por último aparece haciendo pesas con una mano mientras trabaja en su ordenador con la otra. También aparecen imágenes del año pasado en la competición de levantamiento de meñique de Glasgow en la que se convirtió en campeón del mundo.
En un momento dado pasan un micrófono entre gente del público, gente que le pregunta curiosidades; “Qué es lo más raro que has levantado?” “¿Nunca te has roto el dedo?” y cosas así. En un momento dado dan el micrófono a un hombre muy mayor, delgado y vestido de negro. El hombre tiene un aspecto grave y empieza hablar.
-Luís, no sé si te acordarás de mi. Soy Esteban, del colegio… Sé que han pasado muchos años… Hay algo que tengo dentro y no puedo seguir así. Lo siento mucho Luís, sé que no puedes perdonarme por lo que te hice.
Es otro puto cura pederasta, nada nuevo. Se forma un gran jaleo, Buenafuente lo expulsa del plató, la gente le abuchea, hay amagos de agresión; de hecho lo van a retener y están llamando a la policía.
Luís solo insiste en que nunca le hizo nada con los dedos pequeños, nunca con los pequeñines.

El capítulo maldito de Scooby Doo

La serie de Scooby Doo se ha basado siempre en la lucha del bien contra el mal, la victoria de la inteligencia frente al engaño; es una de esas series que no pueden provocar ningún mal a un niño. No hay violencia, los malos siempre pierden y los monstruos ni siquiera existen. No hay némesis recurrentes ni catástrofes determinantes, sus villanos son meros estafadores o  empresarios sin escrúpulos que elaboran engaños masivos. No hacen daño a nadie, ni siquiera lo intentan, toda su intención es asustar.
Scooby Doo y sus cuatro compañeros utilizan su ingenio y valor para resolver los misterios que encuentran a su paso y poner a los culpables entre rejas. Incluso en el infame capítulo 45-27 “Lets wrap a rapist”

El episodio nunca fue emitido en televisión nacional ni se distribuyó a otros países; es parte de la falsa trilogía de capítulos malditos de “Scooby Doo, Where are you!” la primera serie del personaje. Los otros dos capítulos eliminados son 45-28 “What a smooky ghost” y “The yellow phantom from Saigon”, fueron rechazados por tratar el tema del tráfico de drogas y la guerra de Vietnam; temas demasiado violentos y políticos para un programa infantil. No conocía nada de esta historia hasta hace unos días cuando entré contacto con un círculo de distribución de películas snuff y me invitaron a ver los episodios perdidos de Scooby Doo.

“Lets wrap a rapist” sigue la estructura tradicional de un capítulo de Scooby Doo; la pandilla llega al pueblo de Marble Hill para visitar a una prima de Daphne, la pija pelirroja del grupo. Nada más bajarse de la furgoneta oye a una joven gritar y corren en su ayuda, la encuentran desmayada en un callejón y ven a un hombre encapuchado huir.
Así comienza el capítulo y hasta el final parece una calco de sus aventuras anteriores. Primero preguntan a la víctimas, después empiezan a atar cabos, tienen encuentros con el encapuchado; pero durante todo el capítulo queda muy claro que no están buscando a un fantasma. No se habla de antiguas maldiciones, ni se habla para nada del disfraz del villano. Que el capítulo se titula “Atrapemos al violador” creo que es una pista muy clara del escenario en el que nos movemos. En un momento dado del caso Scooby Doo encuentra unos “globos de agua usados” en un contenedor. Los encuentra después de olfatear a una de las jóvenes atacadas. Joder, los coge con la boca.

Hacia el final del capítulo preparan una complicada trampa que involucra un montón de canicas en el suelo, una larga alfombra y el gancho de una grúa de almacén. Inicialmente Daphne iba a ser el cebo pero al final Fred, el pijo guaperas, se disfraza con un vestido y una peluca roja. Por supuesto aparece el malo, la trampa falla y atrapa a los dos en la alfombra hasta que llega Scooby Doo y de alguna forma consigue rescatar a Fred antes de que sea demasiado  violado.
Personalmente creo que no era necesario censurar este capítulo; no se dice nada explícito, creo que a los ojos de un niño podría haber sido un capítulo más, incluso uno de los mejores.

Taras y talentos.

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Los ventrílocuos son enfermos. No digo locos, no digo depravados; son gente con problemas reales. Detrás de cada muñeco de ventrilocuo hay un enfermo. Un enfermo que necesita al muñeco. Gente que no puede mover sus propias caras, que tienen una poker face fija, unos trazos mal dibujados, un huevo color carne con tres palitos. El muñeco son sus muletas, su perro lazarillo para la vida.

Nunca aceptaremos a un ventrílocuo sin muñeco, los rechazaremos y señalaremos como parias, nunca tendrán amigos ni se colarán en la cola del DIA; sin cara no eres nadie. Por nuestra culpa necesitan esos muñecos y de ellos viene toda su fama. Hemos convertido en un espectáculo su desgracia, estamos ofreciendo galletas al niño sin brazos en televisión. Y no, no hay galletas cuando se acaba el programa y vuelven a casa en metro con la mirada muerta fija en el suelo.