Piel piel.

La costumbre de arrancar cabelleras fue introducida por los europeos en norteamérica. Contrataban a los indios como mercenarios y les pagaban por cabellera cortada. Nunca quedó muy claro para los indios qué pasaba con las cabelleras una vez en manos de los blancos pero el negocio les fue bien durante algún tiempo así que sencillamente lo dejaron estar.

En europa, los reyes y ricachones, usaban las cabelleras como papel higiénico; en la corte de Versalles el no va más en refinamiento era limpiarse el culo con una cabellera después de cagar . No tenían nada mejor, una buena cabellera podía durar años y ser tan suave y resistente como el primer día.

Hoy día son parte del patrimonio familiar de esos viejos aristócratas. Son codiciadas, admiradas, estudiadas; hay subastas y salas de museo especializadas. Se han convertido en valiosas antigüedades, bienes culturales protegidos por la UNESCO.
Joder, que se sigan usando. El príncipe Felipe sonándose los mocos con la cabellera de un desgraciado de hace dos siglos.

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La colección de Fernando Cospi.

En este grabado de finales del siglo XVII vemos la sala donde Fernando Cospi guardaba su colección. cospi museo

Podemos ver animales extraños disecados, animales que no existen fuera de la colección del marques de Cospi, también hay caracolas, corales y otras baratijas del mundo natural. El resto de la colección es una mezcla de armas viejas, armas viejas ya en el siglo XVII y montones de antigüedades valiosas guardadas en ese armario masivo.
Una colección única, en ese momento en Europa no habría ni un centenar de colecciones como esa. Aparte de ser valiosa era una excentricidad como el parque de atracciones de Michael Jackson o el tigre de Jesulín de Ubrique. En el siglo XVII no había policía, ni alarmas, ni empresas de seguridad; si querías mantener tus cosas seguras tenías que poner dinero de tu bolsillo y contratar por tu cuenta a unos tipos armados.

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Joder, Fernando Cospi confiaba la seguridad de su colección a un enano con bigote, su único secuaz era un enano con una vara rara en la mano. Cuando hay peligro el enano trepa muy rápido por las estanterías, como tiene las manos y los pies pequeñitos es muy delicado y nunca tira nada. Una vez sobre la repisa empieza a reír como un loco lanzando amenazas a los intrusos mientras decide cual de las armas será mejor para la ocasión.
Un enano mercenario muy técnico, muy exclusivo; tan valioso como cualquier otra pieza de la colección.
Fernando Cospi tramando en su palacio planes para el dominio mundial junto a su enano guardaespaldas, un villano del siglo XVII esperando pacientemente a James Bond.

Arquitectura oscura.

Un edificio abominable, no feo; una madriguera de maldad, un punto negro en la geografía del planeta, epicentro de la oscuridad de la historia reciente, más allá del bunker de Hitler o el hotel del resplandor. Un símbolo claro de la presencia de El Mal en la Tierra. No lo visita Iker Jimenez, no es una casa encantada famosa en la que los niños se cuelan las noches de verano; a este sitio lo señalan desde lejos llorando aterrorizados.

El sitio es tan jodido que la UNESCO lo tiene bajo amenaza, sí, la UNESCO lo tiene en el punto de mira; incluso hay un proyecto para plantear las posibilidades de destrucción del puto sitio para que no pueda volver a hacer daño. Ingenieros, científicos, artistas y militares se reunen en un congreso internacional en el que se discute la intervención. ¿Cómo te deshaces de un cáncer de ese tamaño? Estamos hablando de maldad encarnada, no de un monumento polémico; sus muros están hechos con pesadillas y no puedes matar a una pesadilla con una bola de demolición. Se plantean forrarlo con plomo, volarlo con armas nucleares o hundirlo en un foso de ácido, pero todo eso no serían más que parches o peor; esparcir El Mal por los alrededores y crear una zona tan despojada de vida humana con Chernobil.
Finalmente el proyecto de la danesa Anna Iversen es el que se llevará a cabo. Iversen forma parte de la Agencia Espacial Europea; es ingeniero de cohetes y ha puesto en órbita una docena de satélites en los últimos cinco años. Su plan es mandar el edificio al espacio. No van a desmontarlo y montarlo en cohetes; nadie va a tocar nunca más el sitio. Va a hacer una explosión de autor, muy calculada, con explosivos diseñados para la ocasión; unas bombas térmicas raras que crean una corriente de aire que manda a la atmósfera cualquier cosa en un radio de varios kilómetros. Las han probado reventando pequeñas islas del Pacífico y trozos del desierto del Sahara, en un sistema totalmente confiable, todo el edificio será volatilizado y sus restos saldrán disparados lejos del planeta.

O quizá no sea un buen plan. Quizá lo que estamos enviando al espacio no es más que un símbolo de la maldad intrínseca al ser humano. Quizá estamos proyectando al espacio el cáncer esperando que se diluya en el vacío. Quizá vuelva, quizá nos lluevan meteoritos, o peor aún: quizá esa oscuridad en polvo quede flotando, forme un velo negro sobre el planeta.